miércoles, 28 de noviembre de 2012


REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
UNIVERSIDAD NACIONAL EXPERIMENTAL

RÓMULO GALLEGOS

ÁREA DE POSTGRADO
Doctorado en Ciencias de la Educación
Cohorte II   Valle de la Pascua





PERCEPCIÓN DE LOS ADOLESCENTES SOBRE LOS VALORES Y ACTITUDES DE LOS PROFESIONALES DE LA DOCENCIA DURANTE EL PROCESO PEDAGÓGICO





FACILITADOR:
Dr. Edgar Castillo


PARTICIPANTE:
María Padilla  


 

Valle de la Pascua, Noviembre de 2012
       Durante muchos años se ha investigado sobre el tema de los valores y de los factores que han repercutido en la sociedad para que éstos hayan perdido significado y  esencia en los seres humanos. Se escucha con frecuencia que los valores sociales se han perdido, que ya no hay respeto entre las personas, los hijos ahora no obedecen a los padres ni a sus mayores y, así otras tantas frases que nos llevan a reflexionar sobre la importancia de los valores éticos y morales, para que la sociedad se consolide como el espacio donde se forman y desarrollan los hombres y mujeres del futuro.

       En el tema de los valores, existen diversos elementos que se confrontan e influyen en la adquisición de los mismos, como lo son la familia, la escuela, la comunidad, entre otros, y que pasan a ser piezas claves para que los niños, niñas y jóvenes se conviertan en personas aptas para convivir en sociedad. En la familia se les inculcan los valores de índole afectiva (amor, tolerancia, respeto, justicia, lealtad, entre otros), en el medio social (comunidad) los sujetos inician su interacción con el entorno que los rodea y aprenden nuevos valores (cooperación, compañerismo, sinceridad, humildad, superación, otros), y es en la escuela donde se refuerzan y fortalece los valores ya adquiridos, todo ello se logra a través del modelado de las conductas que los niños, niñas y jóvenes traen de su hogar y de la comunidad o sector donde habitan, es por ello que la actitud y los valores que demuestren los docentes en el aula, son piezas claves para la formación de los educandos, es allí donde radica el rol fundamental del maestro, aquello que lo distingue de un simple dador de clases.

       Educar, requiere guiar, conducir, pero conducir desde dentro de la persona, desarrollando su moral autónoma, ayudando a formar actitudes que hagan de cada ser humano, la persona adecuada para vivir en sociedad y hacer de esa sociedad un lugar para vivir felizmente.

       Al respecto, Scheler (1912), estipula que los valores representan un mundo especial de esencias que son llamadas cualidades valiosas o “cualidades de valor”, dominando los objetos con sus particulares relaciones y conexiones. Para él, los valores son descubiertos mediante la experiencia fenomenológica, que es “a priori”, porque no se conocen por la experiencia sensible, se sustraen por inducción. Los valores son dados igual que las demás esencias, mediante una intuición inmediata y evidente, por la experiencia.

       Los valores no pertenecen al dominio de lo pensado, ni son captados por una intuición racional, sino que la experiencia de los valores se tiene por un acto especial llamado “percepción afectiva” de los mismos, que sería el sentimiento. Los valores sólo son dados en una percepción afectiva absoluta, que es un sentimiento puro que capta la esencia a priori. A esta percepción de los valores por la vía del sentimiento se la conoce como “intuición emocional de las esencias”.

       Es por ello que, sobre esta temática se han dado múltiples  opiniones y de ellas las distintas investigaciones que se han llevado a cabo sobre esta premisa, entre la que podemos citar a: 

Ramos, María G. (2001), citada por (Mora, T., 2006) en su trabajo de ascenso con posterior publicación bibliográfica, Educar en Valores, señala que una sociedad que se aprecia de ser democrática, debe enarbolar la bandera de los valores humanos. En una democracia, las instituciones deben ser el símbolo de la fuerza; lo bueno y lo malo, ya que están constituidas por hombres y mujeres; a éstos es lo que debe abarcar el campo de una buena educación ética, que además de ser un problema de principios, es también de inteligencia.(p. 304). La misma autora establece que “Si queremos iluminar la imaginación de nuestros jóvenes, primero debemos encender la nuestra”.

Otro aporte que he considerado para mi investigación, es la de Sotil, Escurra y otros (2005) en su estudio sobre Actitudes de los Docentes hacia la Enseñanza en Valores en los Alumnos del Nivel Primario, si el docente toma conciencia que su fi cumple satisfactoriamente en cuanto a la trasmisión de conocimientos, pero no puede afirmar de igual manera en cuanto a la formación integral de los alumnos, no los hará capaces de afrontar con éxito el futuro de sus vida, ayudarlos a buscar un norte adecuado, procurando que ellos elaboren su propio proyecto de vida. 

En este sentido consideraron, que a partir de la experiencia sociocultural, el alumno será sujeto activo de su propio aprendizaje, al confrontar sus conocimientos, habilidades y valores con los modelos y contenidos expresados por el docente, quien debe ser un guía, un orientador capaz de abrir perspectivas a partir de los contenidos considerando la realidad sociocultural de los estudiantes.        

       Así mismo, Valera, G. (s/f) reafirma que el primer agente transmisor de valores es la familia, principal protagonista en la vida del individuo y la muestra de valores que se transmitan en ella será el pilar fundamental para sus relaciones y actitudes sociales futuras; sumado a éstas, está el sistema educativo, del cual se espera que enseñe no sólo a "aprender a aprender" sino "aprender a vivir", siendo importante el papel de la escuela, en donde profesores, compañeros y toda la comunidad educativa con la cual interactúa el niño y el joven diariamente, transfieren algunos valores diferentes a los que el individuo ya había forjado.

Hay que destacar que en esta etapa, uno de los protagonistas principales, en cuanto a transmisión de valores se refiere, es el docente, quien con su ejemplo y forma de actuar enseña, ilustra, por ello el docente deberá estar muy atento a sus actitudes, palabras y gestos, tratando de que éstos sólo transmitan valores positivos, tales como respeto, unión, honestidad, tolerancia, solidaridad, sin incongruencias entre el "decir" y el "hacer". Ofrecer a sus educandos una atmósfera de confianza y no olvidar que en los nuevos enfoques de la orientación educativa, el maestro, con su formación actual puede y debe poner en práctica la atención de sus alumnos en forma integral.

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